Magia Celta – Fuego sagrado

 

Una de las cosas más sagradas para los antiguos celtas era el fuego. Nunca se permitía que el fuego del hogar se apagara, excepto durante el festival de fuego de Beltane, cuando era reencendido en una forma ritual. Los Druidas utilizaban el fuego sagrado para los rituales divinos. Éstos eran encendidos y se intentaban observar las formas y  formaciones de las nubes del humo.

 

El fuego del hogar era el centro de la actividad de la familia céltica. Tanto el cocinar, el comer, como el contar historias, se hacia alrededor del fuego, al final de cada día laborable. Era allí donde el patriarca o historiador del clan, narraría sus cuentos mágicos, llenos de dragones, hadas y espadas encantadas, los cuales se transmitían de generación en generación. Eran los cuentos del Tuatha de Danann.

 

La cosmovisión céltica

Los celtas antiguos medían su cosmos con ruedas y espirales, basados en el movimiento de las estrellas, y la salida y ocultamiento del sol y la luna.

 

 Para los celtas, la rueda o el espiral era sagrado: simbolizaba la creación y la gira constante de las estrellas en el cielo de la noche. Las estaciones cambiaban y retornaban cada año como puntos de una rueda gigante, y las estrellas de los cielos parecían rodar arriba, girando en un eje que era el de la Estrella del Norte. En efecto, los celtas creían que la Estrella del Norte era la localización del cielo, y el movimiento, evidente, de las estrellas alrededor de este eje, formaba una trayectoria espiral, o escalera, en la cual las almas ascendían hacia su vida futura.

 

Para los celtas antiguos, los espirales continuos parecían no tener ningún principio o final, lo que significaba que un ciclo siempre comenzaba cuando otro terminaba. El continuo y expándete movimiento del espiral también simbolizaba la siempre expandible naturaleza de la sabiduría y el conocimiento. Muchos de estos símbolos también aparecían en triplicado, lo que era visto como signo de algo sagrado.

 

 Las estaciones del año eran parte de este ciclo. Los celtas basaban su calendario en los ciclos de la luna, en vez del sol. El año céltico consistía en trece meses, doce de los cuales eran iguales a nuestros meses modernos, y otro más con un extra de tres días, para “dirigirse hacia arriba”, el cual conducía al Año Nuevo. Cada mes era gobernado por una luna, y tenía un árbol sagrado de Ogham asociado a al mismo.

 

 En gaélico, los nombres de las cuatro estaciones datan de tiempos pre-Cristiano: Earrach para la primavera, Samhradh para el verano, Foghara para el otoño, y Geamhradh para el invierno.

 

 El calendario céltico incluyó dos festivales primarios del fuego. Samhain (el comienzo del invierno) y Beltane (el comienzo del verano) marcando el movimiento desde la oscuridad hacia la luz en el año. Otros dos festivales estacionales del fuego que se celebraban también eran Imbolc y Lughnasadh.

 

El inicio de cada estación era observado por el Albans (Solsticios y Equinoccios) aunque el punto central de cada estación era celebrado y reconocido por un festival de fuego.

 

 Los celtas estaban fascinados por la magia existente “en medio” de diferentes lugares, como los interiores, cruces, comienzos, etc. La orilla, por ejemplo, no es ni tierra seca, ni mar, pero, con todo, es el lugar de reunión de ambos. Estos lugares no estaban ni en uno ni en otro lado, por lo que eran considerados lugares de energía. Si se tiene una visión de la tierra como representativa de nuestro mundo sólido, material, y del mar como el representante del mundo del espíritu, podemos ver que la orilla es un lugar de reunión entre un mundo y otro.

 

Lo mismos sucedía con las épocas del año “en medio”, o los días de fiesta de cambio de estación (días santos) que no eran ni una ni otra estación. Los ocho principales días de fiesta en la rueda céltica, eran días mágicos, de mucha energía fuera del tiempo ordinario. Como tal, proporcionaban las oportunidades, para los Druids y otras tribus de acercarse a sus antepasados sobrenaturales, y también para adivinar el futuro.

 

 Los viejos festivales célticos se recuerdan todavía hoy en día, de diversas formas. Samhain ahora se celebra comúnmente como Halloween o Día de Brujas. El Día de Mayo, la observancia moderna de Beltane, se celebra a través de todo el mundo, y la Navidad no es realmente el día del nacimiento de Cristo, sino una fecha elegida por la Primera Iglesia Cristiana y celebrada en reemplazo (para sustituir) a la más vieja observancia de solsticio del invierno. La iglesia de los primeros tiempos esperaba convertir mayores números de gente a la nueva fe absorbiendo sus días de fiesta paganos a su propia tradición ritual.

 

 

 

 Irlanda, mientras leen les estoy haciendo llegar estrellitas de protección y amor!

 

Fuentes: http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=3941

  








Leyenda Celta – La inquietante calavera

 

 

Cuentan que hubo una vez un hombre, dueño de una granja en Irlanda, que un día discutió fuertemente con su hijo único. Tras la discusión nunca más volvieron a hablarse, y, al poco tiempo, el joven murió repentinamente. Tal era el odio que el padre aún albergaba en su corazón que no se presentó en el funeral de su propio hijo, ni acudió al cementerio cuando lo enterraron. Pasó el tiempo. El granjero se convirtió en un hombre taciturno y poco sociable. Aún así, cumplía con las obligaciones ciudadanas y cuando murió un vecino fué al entierro. Al término de la ceremonia, el granjero se quedó un rato en el cementerio. Paseando por entre las tumbas, encontró una calavera. Por aquellos tiempos, los sucesos sobrenaturales estaban a la orden del día, y así sucedió que la calavera, con un crujido inquietante, movió las mandíbulas para hablar:
-Mañana –le dijo- pasaré la noche en tu casa, con la condición de que vuelvas tú más adelante a hacerme compañía en el cementerio. El granjero, convencido de hallarse ante alguna señal del otro mundo, no dudó en aceptar. 

Además, decidió buscar un testigo e invitó al cura a visitarle la siguiente tarde. Cuando estaban cenando, se oyeron unos golpes secos en la puerta.Aunque nadie abrió, una calavera apareció de repente encima de la mesa. Ante la estupefacción de los dos comensales, el esqueleto dió buena cuenta de las viandas, y desapareció. 

A la noche siguiente, el granjero se armó de valor para cumplir con su parte del trato, aunque esta vez no obtuvo compañía.Se introdujo en el cementerio y buscó la calavera entre las tumbas donde la había encontrado la primera vez, sin suerte.Al lado de la iglesia, había una escalera con tres peldaños, junto a un prado. 

El granjeró los bajó, y se encontró de repente ante una escena surgida de la niebla en la que vió hombres enzarzados en una sangrienta pelea, con palas de madera y guadañas.Al verle, los contendientes se dirigieron a él preguntándole:
-¿Acaso buscas una calavera descarnada? Mira a ver en este campo de al lado, buen hombre. 

Asustado por el tono de voz de ultratumba que proferían aquellos hombres, el granjero pasó corriendo al campo de al lado, para encontrarse en medio de una refriega salvaje entre hombres y mujeres. 

También entonces detuvieron su pelea, para decirle:
-¿Buscas un cráneo blanqueado? Se acaba de ir al campo de aquí al lado. 

Lleno de miedo, huyó el granjero y llegó ante una casa que parecía haber aparecido por arte de magia.Sin pensarlo dos veces, penetró en su interior.Nada más entrar un fuego ardió en la chimenea, y junto al hogar vió una dama y una criada. 

La primera, desconsolada y aterida de frío, caminaba de un lado para otro, intentando acercarse al fuego, pero la criada la apartaba a empujones. Al verlo, le miraron con unas vacías cuencas de ojos y le dijeron:
-Si buscas la calvera, la encontrarás en la habitación de al lado. 

Allí corrió a refugiarse el pobre granjero. Por fin, vió sobre el suelo, en un rincón, cubierta de polvo blanco, a la calavera deslucida.Pero no estaba sola, tres figuras se hallaban tras ella, como sombras de raídos ropajes negros, tres mujeres desgreñadas, pálidas y frías. Con una voz que parecía un eco, la calavera orden
-¡Mujer!¡Dale de cenar a nuestro invitado! 

Con una actitud más propia de zombie que de viviente, la mujer se adelantó tambaleándose para poner sobre la mesa un poco de pan negro y una sucia jarra con agua. El hombre, no se atrevió a probar aquello. 

Entonces la voz de la calavera sonó de nuevo desde el oscuro rincón:
-¡Mujer! ¡Da la cena a nuestro invitado! 

Una seguna mujer arrastró los pies hasta la mesa, en la que colocó aún menos cantidad y peor comida y bebida. La voz de la calavera tronó entonces:
-¡Mujer!¡La cena para el invitado! 

Y un tercer guiñapo humanoide se apresuró hacia la mesa, pero está vez de sus manos surgieron manjares y bebidas apetitosas, y el hombre, por fín, comió y bebió hasta hartarse.Luego descubrió que la calavera se hallaba ante él, sobre la mesa, y una luz parecía brillar en los cuévanos:
-Voy a explicarte cuánto has contemplado, hombre, pues tu valor y arrojo lo merecen. 

Fueron los hombres contendientes en vida vecinos que luchaban entre sí por tierras que tenían unas junto a otras, y movían las estacas, y cambiaban las margenes, y ahora tienen que luchar entre sí por siempre.Los hombres y mujeres enzarzados en cruel pelea fueron parejas casadas en vida que solían enfrentarse en sus casas, y ahora así seguirán por toda la eternidad.La señora que viste aquí al lado, muerta de frío, fue en vida cruel con su criada, y ahora sufre la venganza hasta el Día del Juicio. 

Y las tres mujeres oscuras, esas eran mis esposas.La primera siempre me trató mál, la segunda peor, y la tercera me cuidó bien, y así he querido que siga siendo.En cuanto a tí, desgraciado, viniste a mí por no asistir al funeral de tu hijo, y sí fuiste sin embargo al de un extraño. Dime, ¿Cuánto tiempo crees que ha pasado desde que saliste de tu casa?
-En la tarde de ayer salí a buscarte, calavera- respondió titubeante el granjero.
-Aquí llevas setencientos años- sentenció la voz del cráneo-. 

Una oportunidad te queda, vuelve al cementerio, busca la tumba de tu hijo, póstrate ante él, y arrepiéntete, quizá aún puedas obtener el perdón.Volvió el hombre a hacer el camino de vuelta, recorriendo tierras que le parecieron extrañas, hasta llegar al viejo cementerio.Encontró la desvencijada tumba de su hijo, se arrodilló en tierra y pidióle perdón. 

El suelo se resquebrajó silenciosamente entonces, de las profundidades surgió una mano, sujetó la suya, y como jirones de niebla, ascendieron al cielo los espíritus del padre y del hijo.

 

 

 Irlanda, mientras leen les estoy haciendo llegar estrellitas de protección y amor! 

Fuente: http://personal.telefonica.terra.es/web/fillosdebreoga/leyendas16.html 








 

Origen Celta – Los Tuatha Dé Dannan

Un poema en el Libro de Leinter se numera a muchos de los Tuatha Dé, aunque finaliza “Aun cuando [el autor] los enumera, él no los adora. Goibniu, Creidhne y Luchta son referidos como Trí Dée Dána (“Tres dioses de la artesanía”), y el nombre de Dagda es interpretado en textos medievales como “el buen dios”. Incluso después de ser reconocidos como gobernantes de Irlanda, personajes tales como Lug, Mórrígan, Aengus y Manannan aparecen en las historias ubicadas siglos más adelante, demostrando todos los signos de inmortalidad. Tienen muchos paralelos en el mundo céltico. Por ejemplo; Nuada es cognado con el dios británico Nodens; Lug es un reflejo de la Deidad pan-Céltica Lugus; Tuireann está emparentado con el Gaélico Taranis; Ogma con Ogmios; y Badb con Catubodua.

Los Tuatha Dé según versiónes de textos “cristianizados” descienden de Nemed, el líder de una raza anterior de habitantes de Irlanda. Vinieron de cuatro ciudades norteñas, Falias, Gorias, Murias y Finias, donde adquirieron sus habilidades ocultas y cualidades. Llegaron a Irlanda, cerca del 1 de mayo (la fecha del Festival de Beltaine), montados sobre nubes oscuras. Aunque las últimas versiones racionalizan este argumento diciendo que ellos mismos quemaron sus naveshumo para prevenir la retirada, y las “nubes” eran el producido por los barcos incendiados.

La tradición pagana, consideraba a los Tuatha De Danann como dioses venidos del cielo. Llegaron a Irlanda, lucharon con los Fir Bolg, los Fir Domnann y los Galioin, así como con sus dioses los Fomoré, y se convirtieron durante un tiempo en los únicos señores de Irlanda. Cuenta la Leyenda, que arribaron a la Verde Erinn en barcos voladores envueltos en una densa nube oscura y que inicialmente no pudieron aterrizar, debido a que los gigantes Fomores, habían creado un campo de energía que no podían penetrar.

Conducidos por su rey, Nuada, lucharon en la Primera Batalla de Magh Tuiredh (Moytura), en la costa oeste, en la cual derrotaron y desplazaron a los torpes y deficientemente armados Fir Bolg, quienes entonces habitaban Irlanda. Nuada perdió un brazo durante la batalla, que el curandero Dian Cecht reemplazó con un brazo de plata. Existía una ley que obligaba a los reyes de los Thuata a no tener ninguna deficiencia física, y debido a su mano ya no podía continuar como rey. Fue sustituido por Bres, el medio Fomoriano, quien resultó ser un tirano. Entonces Miach le hizo un brazo de carne y hueso, y Nuada fue restablecido como rey.

Posteriormente, los Tuatha Dé lucharón la Segunda Batalla de Magh Tuiredh en contra de los Fomorianos. Nuada fue asesinado por el ojo venenoso de Balor, el rey de los Fomoré, pero Balor fue matado por Lug, que asumió el control como rey.

Una tercera batalla fue luchada contra una ola subsecuente de invasiones, los Milesianos, de Galicia, al noroeste de la Península Ibérica, descendientes de Míl Espáine (quiénes se piensan, representan a los Celtas Goidelicos). Los Milesianos encontraron a tres diosas de los Tuatha Dé: Ériu, Banba y Fodla, que pidieron que la isla fuese nombrada en honor a ellas; Ériu es el origen del nombre moderno Éire, y Banba y Fodla todavía se utilizan a veces como nombres poéticos para designar a Irlanda.

Sus tres esposos, Mac Cuill, Mac Cecht y Mac Gréine, que eran reyes de los Tuatha Dé durante aquella época, pidieron una tregua de tres días, durante los cuales los Milesianos se embarcarían a nueve olas de distancia desde la orilla de la isla. Los Milesianos se conformaron con la petición, pero los Tuatha Dé crearon una tormenta mágica en una tentativa de conducirlos más lejos. El poeta milesiano Amergin calmó el mar con sus versos, y frente a su pueblo desembarcó y derrotó a los Tuatha Dé en Tailtiu. Los Tuatha Dé fueron exiliados al subterráneo en los montes de Sidhe por El Dagda.

Los Tuatha Dé Danann también lucharon contra la bruja Carman y sus tres hijos. Se dice que ellos introdujeron el uso de los carros de caballos y el culto druida en Irlanda.

Irlanda, mientras leen les estoy haciendo llegar estrellitas de protección y amor!


Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Tuatha_D%C3%A9_Danann


Blogalaxia

hadas

duendes

gnomos

espiritualidad

espiritual

positivismo

marcela+ciaffone+kenny

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 65 seguidores